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Girls will be girls, will be guys, will be boys that don't cry.


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 Hoy es uno de ésos días en los que me largaría a llorar por ver un papel tirado en el piso, ésos días que me esmero en esconder, ésos días que para los demás en realidad no existen en mi vida.
Echarle la culpa al dolor (tengo un tajo en la pierna de cinco centímetros de longitud y por lo menos tres milímetros de profundidad, producto de un accidente con un vaso roto y la bolsa de la basura) o a las hormonas (aunque yo diga que no me afecten en lo absoluto) siempre es más fácil, pero no, no se trata de éso.
Es uno de ésos días putos en que te ponés a analizar tu vida y todo, absolutamente todo, te parece una mierda, un día en que un papel tirado te hace vomitar hasta la última gota de inconformidad que te viniste aguantando durante años y años... las ventanas rotas, las terquedades, la mugre del piso, la alacena apenas sosteniéndose (y vos otro poco), el esfuerzo, las injusticias, los trapos desteñidos, las fugas de las cañerías, la cinta adhesiva, las telas rasgadas, la ética y la moral, unos cuántos billetes, los buenos modales, la cocina diminuta con ropa secándose encima, la falta de sueño inminente, tu otra casa llamándote en sueños, el montón de basura y cachivaches apilados en un rincón, la depresión latente, el abandono de tu hermanito, los libros carcomidos y amarillentos, todo ésto solo para aderezar lo sola que estás.
En resumen: sí, la verdad es que me siento para el lado del culo terrible, pero como soy macha toda una mujercita, me la banco, porque algún día ésto se va a terminar.
Yo lo voy a terminar.
... pero, por ahora, pueden irse todos muy cordialmente a la puta madre que los parió.

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