Tengo un río de palabras que me bulle en la sangre y cuantiosas ganas de llorar que me van realizando una traqueotomía furtiva, en forma de protesta contra lo que mi boca calla y las manos que ahora se niegan a buscar un lápiz, un papel, una idea. Mi lógica mal logrado instinto de escritora, aborto de una relación demasiado abusiva y por demás estrecha con la lectura, se niega a darle una figura distinguida a la masa amorfa de desesperación y otros sentimientos que me carcomen el insomnio a límites insuperables, conformándose con un retrato simple al carboncillo de quien pudiera llamarse "responsable" de tales travesías nocturnas.
En resumen: sí, estoy enferma, agobiada, atormentada, "maldita".
Demos gracias a La Autoridad.
(Pero verdad es también que aborrezco los finales felices, y que harías mejor tentándome con algo alla Rimbaud-Verlaine)
Veinte cuadras de tristeza
Hace 8 años