¿Les cuento una historia? Un día como cualquiera, al profesor se le ocurrió llevar un termo con café a la clase. Sin poder evitarlo, una de sus estudiantes se sintió inmediatamente atraída por el olor, y la idea de un termo con café se le antojó inmediatamente cautivadora debido a que el clima empezaba a ser más otoñal.
Entonces, cuando la chica fue a su casa, encontró un paquete con saquitos de café, pero le pareció absolutamente injusto, debido a que la infusión resultante de éso no podía considerarse verdaderamente "café", por lo que recurrió al paquete de café de filtro del año pasado y se le ocurrió preparar una jarra entera de ésa bebida, la cual luego, por enredarse en otros asuntos, dejó olvidada. Pasadas unas horas, se le ocurrió calentarla de nuevo para colocarla ahora sí dentro del dichoso termo, pero terminó reduciéndose casi a un tercio de su volumen original por abandonarla hirviendo. De todos modos, la guardó y la infusión pasó la noche dentro del termo.
La mañana siguiente, la chica se sintió agradecida, pues ése café la salvó de llegar tarde a clase por preparar el desayuno.
En la tarde, volvió a recordar su querido termo con la muy venerada bebida, y se le ocurrió preparar su querida "leche con café" (sí, así, de café con leche no tiene nada) que, a pesar de estar compuesta por 2/3 de leche y 1/3 de café -si a éso se le puede llamar café-, dejó a la chica con el sistema nervioso totalmente afectado por la 1,3,7-trimetil- 1H-purina- 2,6(3H,7H)-diona y ésta no tuvo mejor idea que registrarlo en su blog para la posteridá' que en la puta vida vuelva a hacer semejante cosa.
Veinte cuadras de tristeza
Hace 8 años