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Let me out, let me out, let me out...


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Si hay algo que realmente me encabrona es que alguien que la mitad de su vida se la pasó riéndose de mí, intentando buscarle alguna explicación a mi amor desaforado por los libros y mi afición casi enfermiza por los autores clásicos, venga ahora a hacerse el culto y comentarle al mundo lo mucho que le gustan. Bah, ¡felicidades por agarrar un libro!... Pero, de verdad, me enferman a límites exasperantes.

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