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Mi primera combustión


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 Escuchando ésa canción de Love of Lesbian me incomodé gratuitamente acordándome de detalles pelotudos, boludeces que hacen a una persona ser ésa y no otra.
Recordé, por ejemplo, no sé... que te gustaba tomar el café bien negro, cargado y sin azúcar, pero que en realidad nadie sabe que te encanta el chocolate relleno con leche condensada. Me acordé del olor del shampoo que usabas, y que seguramente seguís usando, o cómo tu perfume se mezclaba con el aroma a tabaco, a pesar de que no fumás. Que a veces sencillamente disfrutabas ponerme de mal humor tomándome de la barbilla antes de darme un beso, que te tardabas una semana para leer 200 páginas pero que te sabías la Constitución Argentina de memoria, y sin embargo no sabías ni sabés respirar para cantar. Recordé que no te gustaban ciertos aderezos o los lácteos, pero sí que te mordiera el cuello de vez en cuando. Sé que odiás cocinar porque siempre terminás quemándote (aunque lo usarías de excusa solamente para comerte un pote de relleno Bon-o-Bon), así como también me vino a la memoria que el primer gusto ilegal de alcohol lo probé de tu boca un fin de semana y que capaz por éso debo odiar el fernet.
No obstante, fueron tus mensajes los que me hicieron acordar de que en realidad no maduraste en ningún aspecto y lo increíblemente fácil que sería tenerte atrás de mí otra vez, con el mero fin de ganar un hobby más con el que entretenerme, pero que en realidad no quiero volver a joderme la vida y tengo cosas más importantes de las qué ocuparme.

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