A las tres o cuatro jornadas de haberme vestido como una princesita, me agarran ésos "días después" en los que siento impulsos terribles de vestirme como un varoncito, que también es una de mis sutiles maneras de mandar al carajo todo.
Ésos días, después de bañarme y vestir la ropa interior, decido usar un desoderante hecho para el público femenino que me resulta extrañamente parecido al que usa mi hermano. Toda una curiosidad, porque podríamos decir que la fragancia que tiene mi antitranspirante es la versión atenuada de la que mi hermano abusa.
Elijo entonces unos jeans, me pongo una musculosa y, encima de ésta, una camisa a cuadros arremangada, porque el calor del nordeste no perdona. El atuendo termina con unas zapatillas negras y otro perfume que, a pesar de estar dentro de una marca argentina reconocida de ropa para chicas, no podría decir que es del todo femenino y que fácilmente podría clasificarse como unisex.
Me miro al espejo y pienso que lo único que me delatarían serían mis pechos y mi pelo. Contra los primeros, no hay nada que pueda hacer ni me interesa hacerlo, pero a mi cabello sí puedo recogerlo en una especie de rodete mal hecho que hace parecer que lo tengo más corto de lo normal y como si estuviera recogido en un moño.
Salgo así, con mi típica indumentaria de "hoy todo me chupa un huevo", pero durante el día soy interrumpida, si bien sutilmente, más de lo normal por el interés y las atenciones del sexo opuesto (y con ello me refiero a gente de lo más random por la calle, ésos amores con los que te cruzás en las gondolas el supermercado, hasta el cajero por Dios, el chico amable de la pet shop, el vecino que me gusta desde que nos mudamos al edificio cuando tenía siete años y hasta ciertos compañeros en clases).
Lo peor de todo es que ésta no es la primera vez que pasa, sino que siempre que doy rienda suelta a mi estilo tomboy, es como si de repente tuviera un imán para los vagos. No me estoy quejando, es que... es curioso porque, ¿qué onda? ¿No entendieron que me vestí de lesbiana, justamente para que me ignoren? Debe ser por éso de que 'cuando más difícil es, más atractivo parece', o definitivamente tienen serios problemas con su identidad sexual.
Se me ocurrieron miles de cosas para explicar los hechos y hasta intenté buscarles razones científicas desde el comportamiento humano, pero incluso desde las profundidades el psicoanálisis terminé llegando siempre a la misma superficial conclusión: todos (o la mayoría) 'se la comen' y chau.
Veinte cuadras de tristeza
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